martes, 28 de abril de 2026

Conan El Barbaro 24

 .
La historia es una adaptación del material original de Robert E. Howard.


Marzo de 1973

 "La canción de Red Sonja"

Guionista(s)
Roy Thomas

Dibujante(s)
Barry Smith

Primera parte: Red Sonja entretiene a los taberneros de Makkalet con un baile, que rápidamente desemboca en una típica pelea de bar, que Conan resuelve a su manera. En un momento de calma, Sonja rechaza los avances de Conan, aunque ambos deciden marcharse a caballo y armar algún que otro lío juntos, incluyendo el robo del caballo del capitán de la guardia. Mientras tanto, Kharam-Akkad se mira horrorizado en un espejo mágico...

Parte II: Sonja y Conan se acercan a una torre con la intención de saquear sus riquezas. Escalan los muros y encuentran una habitación de incalculable valor. Mientras Conan curiosea, Sonja busca una joya en particular que el rey de Pah-Dishah le encargó: una tiara de serpientes. Al encontrarla, sale corriendo de la habitación y Conan oye su grito. Entretanto, el rey Eannatum consuela a su esposa mientras los ejércitos turanios continúan su asalto en el exterior...

Parte III: Conan ve a Sonja luchando contra una serpiente nebulosa que parece surgir de la diadema que sostiene en la mano. Los dos guerreros logran vencer a la bestia, que vuelve a transformarse en la tiara. Sonja pronuncia una antigua frase, usada antaño por el rey Kull de Valusia contra sus enemigos serpentinos, para fijarla en su forma. Abandonan el templo, y Sonja intenta sabotear el descenso de Conan. Conan, furioso y con una extraña atracción, descubre por las malas que Sonja solo se entregará a un hombre que la derrote en combate. Ella se marcha riendo, y Conan, harto de todo, regresa al cuartel.


Notas
La historia utiliza poemas escritos por Robert E. Howard .

La historia de Red Sonja continúa en el relato «Red Sonja», publicado en La Espada Salvaje de Conan n.º 1 (Agosto 1974): regresa a Pah-Dishah para entregar la diadema de serpiente a su empleador, el rey Ghannif. Como «recompensa», él ordena incluirla en su harén, del que no sobrevive...






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